lunes, 8 de diciembre de 2008

Implicancias de los nuevos roles educativos en la sociedad de la información

por: Giancarlo Sánchez

Tres son los estadios más importantes y que han marcado historia en el desarrollo social de la humanidad, por su transformación en ella. Diez mil años han pasado cuando la primera de ellas se dio con el descubrimiento de la Agricultura, y el ser humano dejó su primitiva actividad de subsistencia para empezar una nueva, con el producto social en aumento. Aproximadamente hace tres siglos y medio el gran Urbanismo por el trabajo en las fábricas y la Economía Mercantil, donde la propiedad de los medios materiales de producción determinaba las diferencias de las clases sociales, eran producto del segundo estadio de desarrollo social denominado Revolución Industrial. Y sin embargo, las potencialidades de ser humano permitió un tercer estadio, que estamos viviendo ahora. Más transformador y más intenso que las anteriores, por su carácter global y extraordinariamente rápido, es la Sociedad de la Información.

Caracterizado por la capacidad que tienen las personas y las organizaciones de la sociedad para obtener y transmitir información de manera instantánea, desde cualquier lugar y en la forma que se prefiera, se han generado grandes cambios en las actividades de las personas y en sus diversos sectores, como son el trabajo, la administración pública, la industria, el comercio y -más acorralado aún- la educación, llegando así a transformar las formas de relaciones humanas y sociales. Todo esto se debe a la facilidad para acceder a información y comunicación, por el uso generalizado de las tecnologías de información y comunicación, especialmente Internet y la telefonía celular. De allí que se diga que la sociedad de la información es expresión de las capacidades de los nuevos medios de comunicación gracias al desarrollo tecnológico.

Y sin embargo, sus objetivos de sociedad integradora, que pone las tecnologías de información y comunicación (TIC) al servicio del desarrollo, que fomenta la utilización de la información y del conocimiento para poder alcanzar los objetivos de desarrollo, de alguna manera no se han llegado a concretar. Más que intercambio de conocimiento, las TIC han sido utilizadas para el intercambio mercantil. Más que productores de información, somos consumidores pasivos, receptores de la abundancia de mensajes comerciales y occidentalizados. Más que diversidad cultural, preserva de la identidad, se uniforman nuestros gustos por lo foráneo. Más que integración se habla de brecha digital.

Pero también destaquemos que la globalización, por el conjunto revolucionario de cambios tecnológicos en la información y en la comunicación, han permitido comunicarnos y articularnos interna-mente, y también con el mundo; han multiplicado las posibilidades del comercio y la producción interna, pero también las de la política y la cultura; han favorecido el desarrollo de nuestros pueblos; han favorecido el aprendizaje; han permitido que podamos crear, mejorar e innovar para el desarrollo social y económico.

Y esto último es así, puesto que, como explica M. L. Martiarena, la aplicación de innovación es una necesidad de todos los estratos de la sociedad y debe estar destinada a mejorar las condiciones sociales y económicas de la población. La capacidad de cambio tecnológico de un país y la eficiencia para que pueda competir a nivel mundial con sus productos y servicios no sólo depende de su capacidad en cuanto a investigación y desarrollo que tenga, sino depende, además, de la existencia de una cultura de innovación de su población, es decir, del nivel de interacción y de los lazos que se establezcan entre la gente y las instituciones involucradas (la red de instituciones públicas y privadas) en el proceso de innovación. Porque “La apropiación del saber por parte de la sociedad y la eficiencia innovativa de un país depende de cuán intensas y extensas son las relaciones entre los sectores, elementos todos ellos de un sistema colectivo de creación y uso de conocimientos”.
[1]

Y ese uso del conocimiento es logrado en parte por un adecuado manejo de la información y la utilización de los nuevos instrumentos de información y comunicación. Esto es, por un eficiente proceso de enseñanza–aprendizaje. Destacando que el aprendizaje es la llave para el avance económico, social y cultural. Aprendizaje basado en la importancia de adquirir, procesar y transmitir información para crear conocimiento y eso es porque “ya no son el fuego ni el vapor, ni el petróleo, ni el átomo, la energía primaria que mueve al mundo o que sirve para transmitir algo. Es la información que es energía transmisible en si misma y que puede reproducirse. Un dato o información desencadena movimientos o acciones productivas o de consumo para las que, en segunda instancia, se utiliza el petróleo o la electricidad que son cuantificables y agotables. La información en cambio no lo es.”
[2] (García: 2003,44)

Por ello es preciso centrarse en esta cuestión: el proceso de enseñanza-aprendizaje de los sistemas educativos y el nuevo rol de docentes y estudiantes, preparando y preparándose como ciudadanos capaces de analizar, comprender y actuar ante esta nueva forma de organización social. Nueva forma específica de organización social, como decía Manuel Castells, en la que la generación, procesamiento y transmisión de la información se vuelven fuentes importantes de productividad y poder.

Así pues, numerosos son los problemas que atravesamos en la actualidad y desde siempre en nuestro país, con respecto a la educación. Una educación mediocre, así llamada. Y sin embargo, esta se intensifica ante los nuevos cambios en las relaciones y actividades de las personas y en sus diversos ámbitos. El centro de trabajo, las empresas, los organismos e instituciones públicas y privadas y hasta en el hogar han incorporado y han hecho indispensable la utilización de los nuevos instrumentos de información y comunicación (como el internet, correos electrónicos, multimedia, software, hardware, etc.) y el manejo de la información (local e internacional, comercial, productivo, económico, social, cultural, político y de otra índole). Y es que la llegada de las nuevas tecnologías es una realidad que a calado en todos los ámbitos de relaciones de las personas.

Acorralado el sector educativo también, por estas nuevas tecnologías, hay que tomarlas entonces como herramientas que sirven de apoyo para facilitar el aprendizaje. Y esto es así, el internet en particular ofrece una potencialidad de información y conocimiento si tomamos en cuenta que lo importante para la educación es eso: información y conocimiento. De esta forma hay que entender la importancia que tiene internet como herramienta de apoyo y, sobre todo, “desmitificar” el hecho de que la computadora y su cerebro más desarrollado y global: internet, va a desaparecer las bibliotecas y con ello los libros y va a sustituir al profesor. Todo esto es falso, los libros siempre estarán hay para ser leídos recreando la imaginación para la comprensión, leer en computadora causa malestar, estrés y hasta perdida del sentido de la visión; el ser humano es insustituibles, las interacciones personales son necesarias en un aula, elevan las capacidades y habilidades de las personas al desarrollar la mente emocional junto a la racional.

Claro que el mal uso del internet, la no supervisión del manejo de los menores, ha causado nuevos problemas psicológicos y sociales debido a que en la red hay infinidad de mensajes de toda índole, provechosos o perjudiciales. Pero sin embargo, internet es efectivo pedagógicamente, permite nuevas formas de aprendizaje, posibilita información veloz desde cualquier lugar. Lo importante es acceder y producir información de manera consciente y supervisada.

El problema de la educación referente ha este hecho, puede ser de que no se sabe utilizar las nuevas tecnologías de información y comunicación, tanto por docentes y estudiantes, en especial de zonas de nivel socioeconómico bajo; y, además, no se sabe utilizar adecuadamente la información, para un proceso de enseñanza-aprendizaje adecuado.

El rol del docente como única fuente de información, único emisor y depositador de información, junto con el rol de receptores pasivos de los estudiantes se ven remplazados para dar paso a una nueva forma de enseñanza-aprendizaje, donde la cuestión es ahora formar y conformar aprendizajes significativos. Porque es esta nueva forma de organización social, este nuevo contexto, que exige la transformación de la enseñanza y del aprendizaje donde docentes y estudiantes adquieran nuevos roles.

El nuevo rol del docente es el de facilitar el acceso a nuevos conocimientos, utilizando para ello diversas estrategias didácticas de información (libros, internet, bibliotecas digitales, etc.) permitiendo de esta manera articular las experiencias de los estudiantes con la información existente.
[3] Pero sobre todo relacionarlo con su entorno social y global, su entorno físico y distante, puesto que, como explica M. L. Martiarena, “La identidad cultural, el sentido de pertenencia y la proximidad geográfica a una misma comunidad son potentes factores para fomentar los intercambios intelectuales, comerciales y financieros que conducen a la innovación”[4]. De esta manera el profesor propicia aprendizajes significativos produciendo a la vez nueva información y conocimiento en un escenario social y global.

El estudiante a su vez, dejando su rol de receptor pasivo en el proceso de enseñanza-aprendizaje, tendrá que ser agente activo en la búsqueda de información provechosa. Su rol implica la construcción de nuevos conocimientos utilizando las experiencias cotidianas y conjugándolas con la información que brindan los docentes y los medios tecnológicos. (Picardo. Pedagogía informacional)

De esta manera, el nuevo diálogo entre estudiantes y docentes contribuye en la construcción de aprendizajes significativos, relacionando las experiencias, nuestro contexto, la identidad cultural, el sentido de pertenencia y la proximidad geográfica, con la información existente, interna y externa. Porque lo que se trata también, en estos nuevos roles, es de comprender lo que esta ocurriendo, comprender nuestra realidad social y global. Porque como decía Morín: “Una inteligencia incapaz de considerar el contexto y el complejo planetario nos hace ciegos, inconscientes e irresponsables…el conocimiento pertinente es aquel que es capaz de situar toda la información en su contexto…el conocimiento progresa principalmente por la capacidad de contextualizar y globalizar.”
[5]

Por ello también es oportuno comprender que el proceso de enseñanza-aprendizaje tiene que fomentar no la especialización de los estudiantes en su futuro sin los lazos de solidaridad con su sociedad. Es cierto que lo que preocupa a los individuos es su progreso y su desarrollo, para ello es importante la educación. Pero esta educación no tiene que fomentar la especialización desligada de su sociedad y su entorno global, por ello es importante los nuevos roles de docentes y estudiantes que relacionan su realidad con la información existente, tanto interna como externa, para no caer en el debilitamiento que justamente Morín reflexionaba: “el debilitamiento de una percepción global conduce al debilitamiento del sentido de responsabilidad, ya que cada uno tiende a no ser responsable más que de sus tareas, así como al debilitamiento de la solidaridad, porque nadie percibe ya su lazo orgánico con su ciudad y sus conciudadanos”. (Morín. La mente bien ordenada)

Con todo lo expuesto, hay que dar a entender que lo que se trata no es de hacer una reforma única de la enseñanza, no es sólo los cambios de roles de los docentes y estudiantes con las nuevas tecnologías y la nueva forma de organización social, no es que sepan manejar los instrumentos de información y comunicación y adquirir información sin darle sentido productivo, sino que de lo que se trata es también una reforma del pensamiento, del pensar en la generación y la transmisión del conocimiento provechoso para uno y para los demás; del pensar en nuestra identidad cultural, del sentido de pertenencia y la proximidad geográfica, para no desligarnos de nuestra sociedad, para no remplazarnos por modelos externos, para fortalecer los lazos de solidaridad; del pensar en lo global, en las cuestiones del mundo para ubicarnos y saber actuar; y del pensar en la interrelación que existente entre las tecnologías, la ingeniería, la genética, la industria, el comercio, la robótica, la electrónica, la física y la química con las ciencias sociales, la política, la económicas, la literatura, la historia, la antropología y demás disciplinas.

Por ello, y en palabras de Morín, “una reforma de la enseñanza debe conducir a una reforma del pensamiento y la reforma del pensamiento debe conducir a la reforma de la enseñanza”

De esta manera, tres son los elementos de mucha importancia, en esta nueva forma de organización social, que permiten un mejor desenvolvimiento: la información, el conocimiento y el pensamiento. Descritos por Morín “la información es una materia prima que el conocimiento debe dominar e integrar; el conocimiento debe ser reconsiderado permanentemente y revisado por el pensamiento; y el pensamiento es más que nunca el capital más precioso para el individuo y la sociedad”.



[1] M. L. Martiarena. Los paradigmas de la Era del conocimiento: “Los sistemas, las regiones y los esquemas de poder”. Revista iberoamericana de ciencia, tecnología, sociedad e innovación. Número 5 / Enero - Abril 2003
[2] García. Modernidad y Política en el siglo XXI: “globalización con justicia”.ed. Matices. Lima. 2003
[3] Picardo Joao. Pedagogía informacional: enseñar a aprender en la sociedad de la información. Revista iberoamericana de ciencia, tecnología, sociedad e innovación. Número 3 / mayo – agosto 2003
[4] M. L. Martiarena. Ídem.
[5] Morín, Edgar. La mente bien ordenada: “Repensar la reforma, reformar el pensamiento”

1 comentario:

Rocio del Carmen dijo...

¡¡Que bueno empezar el día con este tipo de lectura!!!!. Recomendable para todo profesional pero en especial para los docentes que tienen la responsabilidad de formar a nuevos y mejores ciudadanos en estos tiempos.

Gracias Giancarlo.